La llegada del medicamento Wegovy, basado en semaglutida 2.4 mg, marca un antes y un después en el tratamiento de la obesidad en Mendoza. El fármaco, autorizado por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), ya está disponible en droguerías locales, generando un fuerte interés entre pacientes y profesionales de la salud.
Los ensayos clínicos mostraron que un tercio de los pacientes tratados logró reducir hasta un 20% de su peso corporal, con un promedio general del 17%. Además, se registraron mejoras cardiovasculares y metabólicas, lo que posiciona al medicamento como una herramienta prometedora frente a una enfermedad que afecta a más del 70% de la población adulta argentina, según datos del Ministerio de Salud de la Nación.
Sin embargo, desde el Colegio Farmacéutico de Mendoza advirtieron que el uso de Wegovy debe ser prescripto y controlado por un médico. Su presidenta, Beatriz Cucchi, explicó que la semaglutida ya existía en formulaciones para pacientes con diabetes tipo 2, pero esta nueva versión amplía su alcance. “Nada es mágico: hay que acompañarla con una dieta hipocalórica y actividad física”, enfatizó.

Cucchi detalló a El Sol que el principio activo “lentifica el vaciado gástrico y ayuda a controlar el apetito”, pero advirtió que sin un cambio real en los hábitos, los resultados no se sostienen. En esa línea, profesionales de la salud mendocinos coincidieron en que ningún medicamento reemplaza el trabajo nutricional y conductual que requiere el tratamiento del sobrepeso.
La nutricionista María Emilia Méndez sostuvo que Wegovy puede ser una gran ayuda “si se usa con responsabilidad y dentro de un abordaje interdisciplinario”. Subrayó que “la obesidad no se trata solo con medicación, sino con educación alimentaria, acompañamiento psicológico y movimiento físico”.
El deportólogo y máster en Nutrición Clínica Pablo Gastaldi fue más enfático al remarcar que, aunque estos fármacos “tienen evidencia real y funcionan, no son para todos”. Señaló que deben ser recetados únicamente a pacientes con obesidad o sobrepeso severo y alertó sobre su uso estético: “El problema aparece cuando se usan para bajar unos kilos antes del verano. Sin control, el paciente rebota o pierde masa muscular en lugar de grasa”.
Además, Gastaldi planteó un debate ético y económico: “Son medicamentos costosos y, en muchos casos, se recetan sin formación específica. La obesidad requiere educación y acompañamiento médico, no una receta rápida”.
En Mendoza, los profesionales ya registran un aumento de consultas por enfermedades metabólicas y cardiovasculares, y si bien celebran la llegada de una nueva herramienta terapéutica, insisten en que el verdadero desafío está en educar, acompañar y sostener al paciente a largo plazo.
En palabras de Gastaldi, “la semaglutida puede ser una revolución, pero solo si se usa con criterio clínico y seguimiento profesional”.
