Aunque los ingresos registraron un aumento interanual del 44,9% hacia fines de 2025, los datos evidencian una realidad más compleja: la desigualdad continúa profundizándose en Argentina, con una brecha cada vez más marcada entre los distintos sectores sociales. Según el INDEC, el ingreso promedio individual alcanzó los $1.011.863, pero solo el 62,6% de la población percibió algún tipo de ingreso (unos 18,8 millones de personas).
El análisis por niveles socioeconómicos es contundente. Los sectores de menores ingresos (deciles 1 a 4) perciben en promedio unos $351.028, mientras que los más altos superan los $2,4 millones, lo que implica que los más ricos ganan hasta siete veces más. Esta diferencia refleja un deterioro en la equidad, medido a través del coeficiente de Gini (indicador que evalúa la distribución del ingreso).

Una economista explicó a los medios que, aunque algunos indicadores salariales mostraron mejoras, “los más pobres son más pobres y los ricos más ricos” (en relación al empeoramiento de la distribución del ingreso). Además, remarcó el impacto de la pobreza y la inflación en los sectores más vulnerables, que dependen cada vez más de ingresos complementarios.
En ese sentido, el informe revela que una parte clave del sustento en los hogares de menores recursos proviene de ingresos no laborales (como planes sociales, jubilaciones o ayudas familiares), que llegan a representar hasta el 67,7% del total en los sectores más bajos. En contraste, en los hogares de mayores ingresos ese porcentaje cae al 12,3% (lo que demuestra una menor dependencia de ingresos extra).
Por otro lado, la desigualdad también se refleja en términos de género. Los varones registran ingresos promedio un 40% superiores a los de las mujeres, una diferencia que, según los especialistas, responde más a las oportunidades laborales (mayor presencia femenina en sectores peor remunerados) que a la remuneración por igual tarea.
