La confirmación del fenómeno meteorológico “El Niño” para la temporada primavera-verano modificó las prioridades del sector agrícola mendocino. Después de varios años marcados por la falta de agua, el escenario que se abre ahora está asociado a lluvias más frecuentes e irregulares, con posibles complicaciones para viñedos y frutales durante la brotación.
Según el Plan Interinstitucional de Prevención de AEMSA, el fenómeno podría alcanzar una intensidad fuerte y existe hasta un 25% de probabilidad de que se convierta en un “Súper Niño”.
Uno de los problemas será encontrar momentos adecuados para ingresar con maquinaria a los cultivos. Los suelos húmedos dificultan la circulación de tractores y pueden generar compactación, mientras que la humedad prolongada aumenta el riesgo de enfermedades y obliga a realizar tratamientos sanitarios en períodos muy acotados.

En este contexto, los drones agrícolas aparecen como una alternativa para realizar aplicaciones sin que maquinaria pesada circule por los lotes. También se utilizan pulverizadores turbo en viñedos y frutales, que permiten mejorar la distribución de las aplicaciones sobre el follaje.
El otro riesgo importante llegará con las heladas tardías, especialmente durante septiembre y octubre. En noches despejadas y con poco viento puede producirse una inversión térmica: el aire frío queda cerca del suelo y una capa más cálida permanece a mayor altura.
“Este año monitoreamos con más atención que nunca. No alcanza con mirar el pronóstico general, hay que seguir la finca lote por lote, porque cada sector reacciona distinto ante una helada”, explica Lucas Gilbert, gerente de Agrocosecha, empresa mendocina de servicios y maquinaria agrícola.
Ante estas condiciones, las turbinas antiheladas permiten mezclar ambas capas de aire y elevar la temperatura alrededor de los cultivos. Los equipos portátiles tienen además la ventaja de poder trasladarse hacia los sectores más vulnerables de una finca.
Desde el sector recomiendan revisar bombas, filtros, boquillas, mangueras y sistemas de control antes de la temporada. La tecnología puede ser una herramienta clave, pero su efectividad depende de las condiciones de cada finca, el cultivo y el momento climático.
El desafío, ahora, será pasar de administrar la escasez de agua a prepararse para un clima más húmedo e imprevisible, sin descuidar la amenaza de las heladas.
