El gobierno de Estados Unidos se expresó de manera pública sobre la controversia generada por la presencia de una bandera de las Islas Malvinas durante la semifinal del Mundial 2026 entre Argentina e Inglaterra, luego de que la imagen se viralizara y provocara repercusiones políticas tanto en Buenos Aires como en Londres.
A través del Departamento de Estado, Washington aclaró que “no toma posición sobre símbolos exhibidos por hinchas en eventos deportivos” y remarcó que su política respecto de la disputa de soberanía “permanece sin cambios“.
Durante una rueda de prensa, el director ejecutivo del “task force” de la Casa Blanca para el Mundial, Andrew Giuliani resaltó que “en Estados Unidos (los jugadores) tienen la libertad” de expresarse. Los dichos llegaron ante la consulta de un corresponsal británico, que preguntó si los futbolistas debían ser excluidos de la final.
“Piense en la Argentina y en la remontada tan impresionante que logró frente al equipo inglés, que era realmente bueno. Mucha gente pensaba que este sería el año, por fin, después de 60, en que Inglaterra llegaría a una final. Tendrá que esperar hasta 2030 o más tarde”, dijo Giuliani, quien además destacó que “Messi es uno de los mejores de todos los tiempos“.
Cabe recordar que la polémica se había originado a partir de una bandera desplegada por un grupo de simpatizantes argentinos en una de las tribunas del estadio. Según trascendió, la Federación Inglesa trasladó su preocupación a la FIFA por la presencia de símbolos considerados “políticamente sensibles“, mientras que la Asociación del Fútbol Argentino evitó pronunciarse y sostuvo que se trató de una expresión espontánea de los hinchas.
Por su parte, la FIFA recordó que su reglamento prohíbe los mensajes políticos en los estadios, aunque aclaró que la bandera no contenía consignas explícitas. En ese marco, la intervención del operativo de seguridad se limitó a retirar el paño para evitar incidentes.
El impacto político de la controversia
En Argentina, el episodio reavivó el debate sobre la soberanía de las Islas Malvinas. Voceros del Gobierno nacional destacaron que la presencia de la bandera refleja “el sentimiento histórico del pueblo argentino“, mientras que dirigentes opositores cuestionaron la utilización del Mundial como escenario para reivindicaciones nacionales.
En ese contexto, el canciller Pablo Quirno evitó confrontar con el Reino Unido y afirmó que la cuestión de Malvinas “se discute en ámbitos diplomáticos, no en estadios“, aunque subrayó que la Argentina mantiene su reclamo de soberanía ante Naciones Unidas.
Por su parte, Javier Milei también se expresó al respecto y aseguró que la Argentina está “cada día más cerca de la recuperación de las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur“ por la vía diplomática.
La controversia también tuvo repercusión en el Reino Unido. Algunos parlamentarios conservadores reclamaron sanciones deportivas contra Argentina por considerar que se había “politizado el fútbol“, mientras que sectores laboristas pidieron moderación y recordaron que la FIFA no consideró el episodio como una violación de su reglamento.
