Uno de los momentos más discutidos de la final entre Argentina y España fue el reclamo de Lionel Messi, quien pidió la expulsión de Marc Cucurella luego de que el defensor español se tapara la boca para hablarle durante el partido. Sin embargo, el árbitro esloveno Slavko Vincic decidió no sancionar la acción ni consultar al VAR, una determinación que generó fuertes cuestionamientos tras el encuentro.
Según explicó posteriormente la FIFA, el reglamento no prohíbe de manera absoluta cubrirse la boca al hablar con un rival. La normativa establece que esa conducta puede ser castigada con tarjeta roja únicamente cuando se produce en el contexto de una pelea o una discusión violenta. Para el juez, el intercambio entre ambos futbolistas no reunía esas características, por lo que consideró que se trató de un diálogo y optó por darle el beneficio de la duda al jugador español.

La decisión tomó aún más relevancia por un antecedente registrado durante el mismo Mundial. En los octavos de final entre México y Ecuador, Vincic sí recurrió al VAR ante una situación similar y terminó expulsando al ecuatoriano Piero Hincapié, lo que alimentó las críticas por la diferencia de criterio aplicada en el partido decisivo.
La polémica arbitral se sumó al clima de tensión que marcó el cierre de la final. Tras el pitazo final se produjeron incidentes entre jugadores de ambos equipos en las inmediaciones del campo de juego, mientras Argentina cerró su participación como subcampeona del Mundial 2026, alcanzando la cuarta final perdida y la séptima disputada en su historia.
