El gobierno de Irán decidió volver a cerrar el estratégico estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores del comercio mundial de petróleo, en medio de una nueva escalada de tensión en la región. La medida se conoció luego de los recientes ataques de Israel en territorio de Líbano (que Teherán interpretó como parte de un escenario de confrontación directa).
Según informó la agencia Fars, la interrupción del tránsito de buques se dio en simultáneo con las operaciones militares, lo que profundiza la tensión en una zona clave para el suministro energético global. En paralelo, la Armada iraní lanzó advertencias contundentes (replicadas por The Guardian): cualquier embarcación que intente cruzar sin autorización podría ser atacada.

El impacto de estas amenazas ya se siente en el sector marítimo, donde crece la preocupación entre navieras y países que dependen del flujo constante de crudo. Fuentes del sector confirmaron que la situación genera incertidumbre inmediata (especialmente por el riesgo de interrupciones prolongadas en el abastecimiento).
A pesar del endurecimiento de la medida, se registraron excepciones: al menos dos petroleros lograron atravesar el estrecho con autorización oficial (tras la entrada en vigencia de una tregua temporal entre Irán y Estados Unidos). Este alto el fuego, mediado por Pakistán, tendrá una duración inicial de dos semanas (con el objetivo de reducir la escalada tras semanas de enfrentamientos).
El estrecho de Ormuz concentra una porción clave del tránsito mundial de petróleo, por lo que cualquier restricción impacta de inmediato en los mercados. Datos de seguimiento marítimo muestran que cientos de buques permanecen en la zona, muchos de ellos detenidos, lo que podría traducirse en subas de precios y mayor volatilidad energética a nivel global.
