La escritora y psicóloga Edith Eger, reconocida mundialmente por su libro “La bailarina de Auschwitz”, falleció el pasado lunes a los 98 años. La noticia fue confirmada por la editorial Planeta y por su familia a través de redes sociales, donde compartieron un mensaje de despedida.
“Hoy nuestra queridísima Edie dejó su cuerpo terrenal. Se escapó con toda la gracia con la que vivía. Como un ángel que regresa a casa. Falleció bajo el cuidado atento de su familia y su dedicado equipo. Todos hemos sido muy conmovidos por su vida y mantendremos viva su memoria con nuestras acciones. Por favor, siéntete libre de compartir tu recuerdo o un momento en que ella haya tocado tu vida“, escribió la familia para confirmar su muerte.
Nacida en Hungría, Eger fue deportada en 1944, a los 16 años, al campo de concentración de Auschwitz junto a su familia. Allí perdió a sus padres y fue sometida a condiciones extremas de supervivencia. Su historia personal se convirtió décadas después en uno de los relatos más difundidos sobre el Holocausto, con más de un millón de lectores en el mundo y cientos de miles de ejemplares vendidos en español desde su publicación en 2018.
Desde ese punto de quiebre, su vida quedó atravesada por el intento de reconstrucción tras el horror nazi. En su obra más conocida, relató cómo el ballet, disciplina que había practicado desde niña, se transformó en un recurso inesperado de supervivencia dentro de Auschwitz, en un contexto de violencia extrema.

De Auschwitz a la reconstrucción
La historia de Edith Eger está marcada por su paso por los campos de concentración nazis. En Auschwitz, fue sometida a trabajos forzados y situaciones límite. En ese contexto, su habilidad como bailarina fue utilizada por el médico nazi Josef Mengele, una experiencia que ella misma incorporó a su testimonio como parte de su supervivencia.
El relato no solo expone el horror vivido, sino también los mecanismos psicológicos que le permitieron mantenerse con vida. Posteriormente fue trasladada a otros campos como Mauthausen y Gunskirchen, en Austria, donde llegó en estado crítico, con lesiones físicas severas y al borde de la muerte.

Su liberación ocurrió en 1945, cuando tropas estadounidenses la encontraron junto a su hermana. Ese momento marcó el inicio de una nueva etapa, aunque atravesada por las secuelas del trauma, la pérdida familiar y el proceso de reconstrucción personal.
En 1949 emigró a Estados Unidos, donde reconstruyó su vida y se formó como psicóloga clínica. Su pensamiento estuvo profundamente influenciado por el psiquiatra Viktor Frankl, autor de “El hombre en busca de sentido”, con quien compartía la idea de que incluso en las circunstancias más extremas es posible encontrar significado.

