Carlos Alonso, el reconocido pintor, dibujante y grabador nacido en Tunuyán, murió a los 97 años en su casa de Unquillo, Córdoba. La noticia fue comunicada este lunes por su familia a través de las redes sociales. El artista desarrolló una extensa trayectoria marcada por una obra que atravesó distintos episodios de su vida, como su exilio y la desaparición de su hija Paloma durante la última dictadura militar.
La muerte de Alonso representa la despedida de uno de los artistas mendocinos con mayor reconocimiento dentro y fuera del país. Tal fue su relevancia que en Tunuyán el Centro de Congresos y Exposiciones lleva su nombre como homenaje a su trayectoria. Además, en la Ciudad de Mendoza -en la icónica mansión Stoppel, en la Avenida Emilio Civit- se encuentra el Museo Carlos Alonso, donde se expone su obra.

Carlos Alonso, el tunuyanino que cautivó al mundo con su arte
Alonso nació el 4 de febrero de 1929 en Tunuyán y vivió allí hasta los siete años, cuando se trasladó con su familia a la Ciudad de Mendoza. A los 14 años ingresó en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo.
Su primer premio llegó en 1947, en el Salón de Estudiantes. En 1951 obtuvo los primeros premios del Salón de Pintura de San Rafael, del Salón del Norte de Santiago del Estero y de dibujo en el Salón del Norte de Tucumán. Ese mismo año realizó un fresco en la Bodega Faraón de General Alvear, dedicado a la vendimia y al Sistema de Vinificación Continua patentado por Víctor Cremaschi.
En 1953 expuso en la Galería Viau de Buenos Aires y esa muestra le permitió reunir los fondos para viajar a Europa al año siguiente. Allí expuso en París y Madrid y tomó contacto con obras y artistas que influyeron en su formación. En 1961, durante una visita a Londres, descubrió el acrílico, técnica que incorporó posteriormente a su trabajo por su rápido secado y las posibilidades que le ofrecía para trabajar con color y transparencias.
Como ilustrador, una de sus producciones más reconocidas fue la realizada para la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, luego de ganar en 1957 el concurso convocado por la editorial Emecé. También ilustró Martín Fierro, La Divina Comedia, El Matadero, El juguete rabioso, obras de Pablo Neruda y otros textos literarios.
En 1968 viajó a Florencia para trabajar en las ilustraciones de La Divina Comedia. Al año siguiente comenzó la serie Lección de anatomía, inspirada en la obra de Rembrandt y vinculada también con acontecimientos políticos, entre ellos la ejecución de Ernesto Che Guevara. Durante esos años incorporó a su producción la relación entre la figura humana y la carne, una línea que desarrolló en distintas series.
La dictadura militar y el exilio marcaron un quiebre en su trayectoria. Tras el golpe de Estado de 1976, Alonso se exilió en Italia junto con su esposa e hijo. En 1977, su hija Paloma fue detenida y desaparecida a los 21 años. La pérdida atravesó profundamente su vida y su obra.
Alonso permaneció seis años sin pintar y luego retomó su actividad artística. De esa experiencia surgió Manos Anónimas, una de sus series más emblemáticas. El propio artista explicó el vínculo entre aquella pérdida y su trabajo: “La pintura siempre fue el campo donde se debatía mi situación”. También señaló que frente a la desaparición de su hija buscó preservar su memoria a través de la pintura: “Lo único que podía mitigarlo era mantenerlo y, sobre todo, trabajar para que quedara memoria de eso”.
Tras el exilio, regresó a Argentina a comienzos de la década de 1980 y volvió a desarrollar una intensa actividad artística. Recibió el Premio Konex de Platino en 1982 y 1992 como mejor dibujante de la década y en 2012 obtuvo el Premio Konex Mención Especial a la Trayectoria de las Artes Visuales.
Durante los años 90 realizó las pinturas para los paneles centrales de la cúpula del Teatro del Libertador General San Martín, en Córdoba. También continuó exponiendo en espacios nacionales e internacionales. En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires presentó la muestra Carlos Alonso. Pintura y tradición, dedicada a revisar su obra y sus vínculos con la tradición pictórica.
En Unquillo, donde se instaló tras su regreso al país, Alonso también tuvo una participación vinculada con la creación del Museo de Arte Contemporáneo de esa localidad. Allí realizó su última muestra en 2025.
El artista murió a los 97 años en su casa de Unquillo, dejando un gigante legado atravesado por la pintura, el dibujo, el grabado y la ilustración.
