La sequía dejó de ser un fenómeno aislado en Mendoza y se convirtió en una característica recurrente del clima local, con impactos crecientes sobre el abastecimiento humano, la producción agrícola y el medio ambiente. Ante este escenario, el Departamento General de Irrigación diseñó el Plan Especial de Gestión del Riesgo de Sequía (PEGRIS), que forma parte del Plan Hídrico provincial en proceso de implementación.
El PEGRIS establece lineamientos obligatorios y recomendaciones técnicas para anticipar, mitigar y responder a los efectos de la sequía. Se aplicará mediante planes por cuenca de los ríos Mendoza, Tunuyán, Diamante, Atuel y Malargüe, priorizando la salud y la vida de la población, la seguridad del abastecimiento y la minimización de daños a las actividades productivas.

Entre sus herramientas centrales se encuentra el Sistema de Monitoreo y Alerta Temprana (SMAT), que funcionará como un “semáforo hidrometeorológico”. Este sistema emplea indicadores como el Índice de Nieve Estándar (INE) para medir la sequía meteorológica, el Índice de Derrame Estándar (IDE) para la sequía hidrológica, el Índice de Caudales Estándar (ICE) para seguimiento mensual y el Índice de Reservas Estándar (IRE) para controlar las reservas en embalses. Estos indicadores, según explicaron al Uno, permitirán gestionar la demanda, medir el riego y activar medidas según la gravedad de la sequía.
La aplicación del plan se desarrollará en cinco fases: Preparación, con la conformación de comisiones y protocolos de comunicación; Diagnóstico, evaluando balance hídrico y vulnerabilidades; Diseño, con escenarios, umbrales y planes de contingencia; Implementación, operando según escenarios con monitoreo y asistencia a sectores críticos; y Evaluación post sequía, para ajustar reglas y aprender de cada episodio.
