Por Gastón Ureta

Hace muchos años, en un día fresco de junio, nació en nuestro país, un niño, que con el correr de los años llegaría a ser un hombre muy amado, y recordado por todos nosotros.
Desde muy pequeño sus padres le enseñaron a querer y respetar a nuestro país, el era un soñador, pero era consciente de que, lograría alcanzar sus sueños, por eso jamás dudó de eso.
De niño, solía jugar con su caballo y espada de madera, mantenía firme ese anhelo de ser un soldado de esta patria, para defenderla hasta la libertad.
Y así fue, que Manuel creció y se preparó para ser lo que siempre quiso, luchar por el bienestar del pueblo, tal como él se lo propuso cuando era sólo un niño.
Nunca dejó de lado sus ideas, creció siendo un hombre amante de la verdad, y así, como cuando era pequeño, sabía que tenía sueños que cumplir.
Años más tarde, siendo todo un hombre, y general del ejército, se encontraba montando su hermoso caballo, y como de costumbre, solía observar el cielo y detener la mirada en esos colores, en el blanco de las nubes, y en el celeste del cielo que cubre la tierra, nuestro general amaba esos colores!!
Una tarde, luego de haber luchado con sus soldados en una batalla, Manuel Belgrano, se puso a pensar:
«Necesitamos una bandera que nos represente en batallas, un paño sagrado con colores significativos, que al verlos flamear, nos identifique, una insignia a la que defender, y honrar, sea nuestro deber!!! Entonces, aquel 27 de febrero de 1812 a orillas del Río Paraná, el general Manuel Belgrano, y sus soldados juraron defender, respetar y honrar nuestra bandera, la misma que hoy tenemos entre nosotros.
Aquel héroe de la patria la soñó celeste, del color del cielo, y de la flor del jacaranda, la soñó blanca como las nubes, como la nieve en la cordillera, y la espuma del mar,
que viva nuestra hermosa bandera, a la que siempre juraré amar!!!

Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, nació un 3 de Junio de 1770 en la provincia de Buenos Aires, fue Abogado, periodista, politico, soldado, y economista.
Vocal de la primera junta de gobierno en el Cabildo abierto de aquel 25 de Mayo de 1810.
La mañana del 20 de Junio de 1820, el soñador por excelencia, gestor de nuestra independencia, y célebre general, dio su paso a la inmortalidad a la edad de 50 años, muy enfermo, en la pobreza, da su último suspiro en la misma casa donde nació, la casa de su padre.
El vencedor de Salta y Tucumán, fue enterrado humildemente en el atrio del convento de Santo Domingo, ocho días después se realizaron los servicios funerales, casi en secreto y en la indiferencia de su ciudad natal, hoy a 199 años de su partida, no podemos dejar de recordar, y homenajear a quien ha dado tanto por nuestra patria, es por eso que, hablar de la bandera de mi país es hablar de los sueños de su gente, de aquellos que alguna vez se atrevieron a soñar: sueños de soberanía y grandeza.
Sus colores nos hablan de historias, de batallas ganadas y otras perdidas, historias de abuelos inmigrantes, que se enamoraron de ella, y nunca se fueron, Historias de héroes de carne y hueso que día a día libran una difícil batalla en su lugar de trabajo, y en el interior sus hogares atreviéndose a construir un futuro mejor.
Así fue el anhelo de Manuel Belgrano, crearla para venerarla, para representarnos, para defenderla siempre.
Hoy a tantísimos años, ojalá que también la usemos para envolvernos en un abrazo que nos una siempre como hermanos, como nación, como un país feliz, que sabe honrar la memoria de su creador.
Si algún día me encuentro lejos de este suelo…
te recordaré cada vez que levante la mirada y te vea en el celeste y blanco del cielo!!

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