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La producción vitivinícola mendocina podría verse afectada por el fenómeno del “Súper Niño”

El sector ya ajusta sus estrategias para aprovechar el alivio hídrico sin descuidar enfermedades, granizo y otros efectos sobre los viñedos.

El fenómeno climático conocido como El Niño podría tener un fuerte impacto en la próxima temporada vitivinícola de Mendoza, en un escenario que los organismos internacionales vienen siguiendo desde hace meses. La acumulación de calor en el Pacífico ecuatorial elevó a más del 90% la probabilidad de que alcance una categoría “muy fuerte” durante la primavera y el verano del hemisferio sur, según la NOAA.

Para los productores mendocinos, un período más húmedo presenta una situación ambivalente. El aumento de las precipitaciones podría favorecer la recuperación de nieve, ríos y acuíferos después de años de crisis hídrica, pero también incrementaría las condiciones favorables para enfermedades de origen fúngico y elevaría el riesgo de granizo. “El Niño nos da agua en el río, lo cual es una excelente noticia, pero nos la cobra desde el cielo”, resumió Matías Casagrande, ingeniero agrónomo de Bodega Antigal en diálogo con el medio Sitio Andino.

Uno de los principales focos de atención estará puesto en la sanidad de los viñedos. La vid es especialmente susceptible a enfermedades como la peronóspora y otras producidas por hongos, cuya aparición se ve favorecida por la combinación de temperaturas elevadas y una mayor humedad. Por eso, las bodegas reforzarán el seguimiento mediante estaciones meteorológicas, monitoreo de las condiciones del cultivo y estrategias preventivas para determinar cuándo es necesario aplicar tratamientos.

La experiencia de la temporada 2015/2016 funciona como antecedente para los especialistas: aquel año las precipitaciones superaron en 64,3% el promedio histórico en los oasis productivos y aumentaron los problemas sanitarios, además de registrarse granizo y heladas. Frente al nuevo escenario, la estrategia no consiste únicamente en anticipar cuánto lloverá, sino en prepararse para la variabilidad climática, con medidas como mejorar la ventilación de los racimos, monitorear las horas de humedad, adaptar las fechas de cosecha y reforzar la protección contra el granizo.

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