La escalada de la violencia en la Franja de Gaza ha alcanzado un nuevo punto crítico con la orden de evacuación emitida por Israel, la cual afectaría a aproximadamente un millón de civiles en el norte de la región. Esta medida ha desatado una ola de controversia y ha sido condenada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), al mismo tiempo que ha sido rechazada por el grupo palestino Hamás.
Los bombardeos masivos llevados a cabo por las fuerzas israelíes en la Franja de Gaza han tenido consecuencias devastadoras, con un saldo de al menos 1,537 muertes, en su mayoría civiles, según las autoridades locales. Hamas, por su parte, ha mantenido a unos 150 rehenes en la región, y 13 de ellos, incluyendo extranjeros, han perdido la vida a causa de los ataques israelíes.

El Ejército de Israel ha justificado la evacuación de todos los civiles en la ciudad de Gaza, ubicada en el norte del enclave, en aras de la seguridad y protección de la población. Aunque en un principio se otorgó un plazo de 24 horas, se reconoció que la evacuación tomaría tiempo.
Hamas rechazó de inmediato la orden, mientras que la ONU instó a que se anule, advirtiendo sobre las posibles consecuencias devastadoras de una evacuación de tal magnitud.
Paralelamente, los hospitales en la Franja de Gaza se están quedando sin capacidad clínica debido a la escasez de suministros médicos. La Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA) ha trasladado sus operaciones y personal al sur de la Franja.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha manifestado su determinación de destruir a Hamas, y se han llevado a cabo ataques contra posiciones militares y residencias de terroristas de alto rango. Los milicianos de Gaza han respondido lanzando cientos de cohetes hacia Israel, lo que ha llevado a la evacuación de más de 423,000 personas de sus hogares, según la agencia humanitaria de la ONU, OCHA. La población de Gaza, ya sometida a un estricto embargo israelí desde 2007, se enfrenta ahora a una grave escasez de agua, electricidad y alimentos debido al asedio ordenado por Israel.

En un intento por buscar una solución constructiva al conflicto palestino-israelí a través de negociaciones, el presidente ruso, Vladimir Putin, se ha ofrecido como mediador. Putin respalda la implementación de la fórmula de los dos Estados de la ONU, que implica la creación de un Estado palestino independiente con su capital en Jerusalén Este, con la posibilidad de coexistir pacíficamente con Israel. Al mismo tiempo, Putin reconoce el derecho de Israel a protegerse y asegurar su existencia pacífica, teniendo en cuenta las circunstancias del ataque.
