El humo, el olor a gas y la presencia de cenizas reavivaron la preocupación en Malargüe, donde el volcán Peteroa permanece en alerta amarilla desde julio pasado. Aunque las autoridades confirmaron que hasta el momento no existen indicios de contaminación en el agua ni en el aire, el aumento de la actividad volcánica y una seguidilla de 26 sismos encendieron señales de alerta en la comunidad.
Para despejar dudas y evitar una escalada de miedo, científicos del Servicio Geológico Minero Argentino (Segemar) iniciaron estudios exhaustivos sobre el agua, los gases y las cenizas emanadas por el volcán, mientras impulsan charlas informativas destinadas a la población del Sur mendocino. La premisa es clara: mantener la calma sin subestimar el fenómeno.
Desde que se declaró el alerta amarilla, la calificación no cambió, pese a que la actividad del volcán se incrementó. No haber avanzado a alerta naranja es, según los expertos, un dato positivo que indica estabilidad relativa dentro del escenario actual.
El geólogo Pablo Forte, referente del Segemar, explicó en una entrevista televisiva y en encuentros con vecinos cuáles son los tres ejes de trabajo que guían la investigación científica. “Estamos analizando agua, gases y cenizas”, precisó. En el caso del agua —que el volcán libera en forma de vapor—, los equipos tomaron muestras en ríos, vertientes y, en especial, en la cuenca del río Grande, en la zona de Las Loicas. El objetivo es detectar posibles anomalías físicas o químicas que indiquen contaminación.

En relación con los gases, Forte detalló que los estudios apuntan a determinar si existen concentraciones peligrosas en zonas habitadas y a identificar los componentes de la fumarola volcánica. La tercera línea de análisis se enfoca en las cenizas para evaluar la evolución del Peteroa y su potencial tóxico sobre el ambiente y las fuentes de agua, en coordinación con el Departamento General de Irrigación. Hasta ahora, los resultados no muestran valores anómalos que representen riesgo para la salud.
Sin embargo, los expertos insisten en no relajarse. “No hay que entrar en psicosis, pero tampoco cantar victoria”, advirtió Forte, quien remarcó la importancia de respetar las recomendaciones oficiales: no acercarse a la zona afectada ni realizar actividades turísticas en torno al volcán. “El Peteroa está liberando energía de a poco; las señales se interpretan día a día”, agregó.
La Municipalidad de Malargüe, junto con el Observatorio Argentino de Vigilancia Volcánica del Segemar, convocó a la ciudadanía a participar de charlas informativas bajo el lema “¿Qué está pasando con el volcán Peteroa?”. El objetivo es doble: por un lado, actualizar a la población sobre el monitoreo, los niveles de alerta y la dinámica geológica del complejo Planchón-Peteroa; por otro, capacitar a los vecinos en medidas de autoprotección ante un eventual escenario de caída de cenizas.
Aunque el panorama actual no presenta riesgos concretos, las autoridades coinciden en que la vigilancia continua y la preparación comunitaria son esenciales para enfrentar la evolución del volcán con información, calma y responsabilidad.
