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Análisis

El mercado no ve una suba del dólar a $1.800

Los inversores prefirieron guiarse por los datos duros antes que por el tropezón discursivo.

Un traspié comunicacional encendió las alarmas en los mercados y obligó al Gobierno a desplegar una estrategia defensiva.

Las declaraciones del vocero presidencial, Adrián Ravier, sugiriendo que la cotización del dólar podría alcanzar los $1.800 en el corto plazo, generaron un ruido innecesario en la plaza financiera. Ante esto, el Ministerio de Economía optó por transmitir de forma implícita un mensaje claro y unívoco: el esquema monetario y el ritmo de devaluación no se modifican.

Aunque Ravier aclaró que se trataba únicamente de una hipótesis técnica y descartó de plano una devaluación abrupta al estilo de la salida de la Convertibilidad, los inversores prefirieron guiarse por los datos duros antes que por el tropezón discursivo. En la última rueda, el mercado mayorista cerró en $1.497, mientras que la cotización de referencia en las pantallas del Banco Nación finalizó en $1.520, mostrando una tranquilidad operativa que contrasta con el revuelo generado.

La lectura predominante entre los analistas de la plaza local coincide en que un tipo de cambio en esos niveles luce fuera de escala para el tramo final de este año. El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) emitido por el Banco Central sitúa al dólar mayorista en la zona de los $1.673 para diciembre, proyectando la cota de los $1.805 recién hacia los próximos doce meses.

“Creo que a Ravier se lo sacó de contexto”, advierte Aldo Abraham, director de la Fundación Libertad y Progreso. “Cualquier economista respondería que es un valor factible ante un eventual shock internacional, pero en la coyuntura actual la probabilidad de observar esa cifra este año es muy baja gracias a la estabilidad monetaria alcanzada.”

En una línea similar, Gustavo Ber, de Estudio Ber, sostiene que el Poder Ejecutivo continuará utilizando el deslizamiento controlado del tipo de cambio para preservar el proceso de desinflación. Su proyección para el cierre del año ubica al dólar más cerca de los $1.650.

Por su parte, el analista Christian Buteler pone el foco en el factor tiempo: si el ajuste fuera abrupto y el dólar saltara a $1.800 en dos meses, representaría una suba cercana al 20% con un traslado inevitable a precios. Sin embargo, si ese valor se alcanza dentro de diez o doce meses acompañando una inflación moderada, se trataría de un movimiento totalmente esperable que no debería generar alarma.

Los ingresos de divisas que frenan cualquier presión cambiaria

Los fundamentos macroeconómicos sostienen, al menos por ahora, la estabilidad de la moneda local. De acuerdo con proyecciones de la consultora LZZ Macro y Finanzas, a cargo de Federico Machado, las posibilidades de ver al billete verde en $1.800 en los próximos meses son casi nulas debido al constante flujo de divisas que ingresa a la economía.

Entre los factores principales que aportan tranquilidad al mercado se destacan:

  • El superávit comercial: El primer semestre registró ingresos récord por exportaciones y aún resta liquidación de la cosecha.
  • El mercado energético: La cotización del petróleo cerca de los u$s90 por barril aporta una caja clave de divisas.
  • El horizonte electoral: La clásica dolarización de carteras propia de los ciclos electorales recién comenzaría a sentirse bien entrado el año que viene.

A esto se suma el sólido desempeño del Banco Central en el mercado oficial. Si bien en las últimas jornadas desaceleró el ritmo de compras a un promedio de u$s37 millones diarios, en lo que va del año ya acumula adquisiciones por u$s12.766 millones. Esto permitió engrosar las reservas brutas en casi u$s7.600 millones y cumplir de forma anticipada con las metas acordadas con el FMI.

Una de las principales dudas de los analistas radica en cuánto de una eventual suba del dólar terminaría trasladándose a la inflación. Desde C&T Asesores Económicos, su director Camilo Tiscornia señala que, si bien aventurar cifras fue una imprudencia comunicacional del vocero, la propia realidad económica actúa como un dique de contención.

En definitiva, en el Palacio de Hacienda y en la City porteña coinciden en el diagnóstico: la controversia por los $1.800 obedeció a un desliz dialéctico más que a una señal de cambio en la hoja de ruta económica oficial.

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