Lo que comenzó como un acto escolar en Tunuyán, terminó siendo una carrera artística en Dubái. La protagonista de esta historia es Eliana Gandía, una mendocina de 36 años que transformó su pasión infantil por la danza árabe en una profesión internacional. Desde hace cinco años, vive en uno de los destinos más imponentes del mundo y trabaja como bailarina profesional, recorriendo escenarios que van desde campamentos turísticos hasta el lujoso Burj Al Arab, el único hotel siete estrellas del planeta.

“Nunca imaginé que terminaría bailando en un país árabe. Era un sueño, pero no algo que pensara posible”, reconoció en diálogo con Diario Los Andes. Sin descendencia árabe, pero con una conexión profunda con esa cultura, Eliana recuerda el origen de todo: a los nueve años, vio a Shakira en televisión y supo que quería bailar como ella. Su primera interpretación de “Ojos Así” en la escuela fue el puntapié para una carrera que, con esfuerzo, estudio y constancia, fue tomando forma.

Criada en Tunuyán desde los once años, Eliana estudió en la Escuela Normal y el Colegio del Niño Jesús. La danza siempre fue su ancla, incluso cuando empezó la carrera de Nutrición en Mendoza. Mientras cursaba la universidad, continuó formándose en danza árabe, primero con Munira Chade y luego en la academia Saharuni, donde se recibió de profesora y comenzó a integrar el ballet Tarab.

Pero fue un mensaje en Facebook lo que cambió su rumbo por completo. Un manager egipcio le ofreció trabajo como bailarina. Aunque primero lo rechazó, la idea ya había germinado. Pronto se contactó con otras artistas, investigó y decidió intentarlo. En junio de 2019 viajó a Egipto con un contrato de tres meses.
“Me costó muchísimo”, recuerda. “El cambio cultural fue fuerte, todo iba más lento”. Su trabajo consistía en dar shows para turistas, y aunque la experiencia la marcó, el entorno no la convencía del todo. Fue entonces cuando apareció una nueva propuesta: Dubái. Allí comenzó en campamentos del desierto, donde turistas llegaban en 4×4 para ver shows nocturnos que recreaban la vida beduina.

Después de la pandemia, se asentó definitivamente en Dubái, pero con un cambio clave: se convirtió en su propia manager. “Trabajo sola, busqué mis contactos, me manejo sola. Y sigo así”, afirma con determinación. Desde entonces, pasó por hoteles de lujo, escenarios internacionales y hoy trabaja con total autonomía, defendiendo su lugar en una industria exigente.
“Crecí muchísimo. No soy la misma Eliana. Tuve que aprender a pelear, a hablar, a negociar sola. Ahora me planto”, dice con la firmeza de quien construyó su camino con decisión. Vive en pareja con Matías, un uruguayo, y por el momento, no piensa regresar a Sudamérica: “Mientras el cuerpo aguante, me quedo”.

Su historia, sin embargo, no pierde ternura ni raíz: “Sigo siendo esa nena de nueve años que baila jugando. Que se emociona. Que lo hace con el alma”, dice.
Y deja un mensaje directo, simple y potente para quienes se debaten entre el deseo y el miedo: “Hacelo. Buscá la manera, pero hacelo. Porque las oportunidades no siempre llegan… a veces hay que ir a buscarlas”.
