El peronismo mendocino atraviesa uno de los momentos de mayor fractura interna de los últimos años. La disputa entre el sector que conduce Emir Félix y el kirchnerismo referenciado en Anabel Fernández Sagasti dejó de ser una tensión subterránea para transformarse en una ruptura política explícita, con consecuencias partidarias, legislativas y electorales.
La sanción a dirigentes camporistas, la división de bloques en el Senado y la votación opuesta en torno a la reforma constitucional impulsada por el gobernador Alfredo Cornejo terminaron de confirmar un escenario de crisis profunda dentro del PJ provincial.
El quiebre que ya no se puede ocultar
La conducción del Partido Justicialista mendocino avanzó en los últimos días con una decisión de alto voltaje político: sancionar a diez dirigentes vinculados al kirchnerismo por haber competido por fuera del partido en las elecciones municipales de febrero.
La medida, tomada por el Tribunal de Disciplina partidario, establece tres años de inhabilitación para ocupar cargos partidarios o presentarse como candidatos dentro del PJ o sus alianzas. Entre los sancionados aparece Paloma Scalco, vicepresidenta segunda del partido y dirigente cercana a La Cámpora.
Desde el sector kirchnerista denunciaron “proscripción” y “persecución política”, apuntando directamente contra Emir Félix y el histórico operador peronista Carlos Ciurca. La respuesta no fue solamente discursiva: el enfrentamiento terminó consolidando una ruptura legislativa que ya venía gestándose desde hace semanas.
La Legislatura mostró dos peronismos distintos
La fractura quedó completamente expuesta este martes durante el tratamiento de la reforma constitucional para avanzar en la autonomía municipal en Mendoza.
Mientras el interbloque del PJ alineado con los intendentes votó en contra del proyecto de Cornejo, el sector kirchnerista de Fuerza Patria decidió acompañarlo. Así, Omar Parisi y Félix González terminaron votando junto al oficialismo y diferenciándose abiertamente del resto del peronismo.
La escena tuvo una fuerte carga simbólica porque mostró algo que hasta hace poco parecía impensado: el kirchnerismo mendocino coincidiendo con el radicalismo en una reforma institucional, mientras el PJ tradicional endurecía su posición opositora.
La votación terminó evidenciando que ya no existe una estrategia política común dentro del peronismo provincial. Hoy conviven —o chocan— al menos dos espacios con conducción, agenda y lógica propia.
De la interna a la ruptura política
El conflicto no nació ahora. La tensión viene escalando desde finales de 2025, cuando el kirchnerismo decidió competir por fuera de la estructura partidaria en varios departamentos mendocinos. Aquella decisión aceleró el deterioro de la relación entre el sector de los intendentes y La Cámpora.
La derrota en algunos municipios terminó profundizando los reproches internos. En el entorno de Emir Félix consideran que la fragmentación debilitó electoralmente al peronismo y facilitó avances de Cambia Mendoza y La Libertad Avanza. El kirchnerismo, en cambio, sostiene que el PJ provincial se alejó de la oposición real a Javier Milei y Alfredo Cornejo.
Ese desacuerdo político terminó trasladándose a la Legislatura. Primero se rompió el bloque en el Senado. Después apareció el interbloque “Encuentro Mendocino”, integrado por el PJ tradicional junto a sectores de La Unión Mendocina, el espacio que encabezó Omar De Marchi en 2023.
La paradoja es fuerte: mientras dirigentes provenientes de espacios enfrentados al PJ fueron incorporados al nuevo armado legislativo, el kirchnerismo quedó completamente marginado de esa estructura.
Un escenario que favorece a Cornejo
La fragmentación opositora aparece como una ventaja política para Alfredo Cornejo, que logró aprobar una reforma constitucional sensible en medio de un peronismo dividido.
El oficialismo no solo consiguió sostener la mayoría legislativa, sino que además logró mostrar fisuras profundas en la principal fuerza opositora de Mendoza.
