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1 de cada 3 personas

Aumento de psicofármacos: cada vez más jóvenes mendocinos se apagan con pastillas

En Argentina, 1 de cada 3 personas tiene algún problema de salud mental y el consumo de psicofármacos se dispara.

El consumo de psicofármacos crece de forma acelerada en todo el país y cada vez más jóvenes los utilizan para dormir, calmar la ansiedad o rendir más. Lejos de responder solo a necesidades clínicas, la industria farmacéutica juega un rol clave en esta tendencia, influenciando a médicos y naturalizando la medicación precoz.

Un informe reciente del INDEC reveló que los fármacos para el sistema nervioso están entre los cinco medicamentos más consumidos en Argentina, confirmando una realidad que ya se siente en las consultas: los problemas de salud mental afectan a 1 de cada 3 argentinos desde los 20 años.

Jorge Rozen, psiquiatra con más de 50 años de experiencia, fue contundente en diálogo con el diario mendocino: “La posición comercial ha ganado en buena medida a la ética médica”, advirtió al Post, apuntando al vínculo entre los laboratorios y los profesionales de la salud. Según explicó, los visitadores médicos ofrecen beneficios para incentivar la prescripción de ciertos fármacos, aún en cuadros leves o mal diagnosticados.

“He escuchado de pediatras que medican el fracaso escolar con antidepresivos, lo cual es una barbaridad”, afirmó Rozen. Y recordó que, años atrás, indicar antidepresivos antes de los 40 era considerado mala praxis. Hoy, la situación se ha invertido: los más jóvenes encabezan las estadísticas de consumo.

El fenómeno también se refleja en el descanso. Cada vez más personas dependen de pastillas para poder dormir, y el mercado responde con múltiples opciones, incluso de venta libre o “naturales”. Pero el problema no está solo en el insomnio, sino en el estilo de vida: “Hoy nos apagamos con pastillas”, resumió el especialista.

La rutina moderna, dominada por pantallas, trabajo a deshora y estímulos constantes, impide el descanso natural. Rozen recomienda cambios de hábito antes que medicación: “Dormir requiere bajar de a poco. No podés pasar del Excel a la almohada sin escala”, graficó.

En su consultorio, predominan la ansiedad como síntoma de época, las adicciones modernas como el exceso de trabajo y la obsesión por las redes sociales, y cuadros generados por la presión social de alcanzar ideales de consumo inalcanzables. “La ansiedad no es solo un diagnóstico, es también una forma de vivir”, concluyó.

Frente a este panorama, el uso indiscriminado de psicofármacos aparece como una respuesta rápida a un problema complejo, que exige más control, acompañamiento y debate público. Desde Mendoza, voces médicas se animan a poner el foco en la industria farmacéutica y su rol en la medicalización masiva de la vida cotidiana.

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