Los productores del Valle de Uco comenzaron a prestar especial atención a las proyecciones climáticas para los próximos meses, ante la posibilidad de que El Niño alcance una intensidad excepcional y genere un aumento de las lluvias y las tormentas en Mendoza. Para una región donde la actividad vitivinícola y frutícola tiene un peso central, el exceso de agua puede generar dificultades tanto en los cultivos como en las tareas habituales de cosecha y traslado.
Uno de los principales desafíos estará relacionado con la administración del riego. El Departamento General de Irrigación mantiene reuniones con productores y mercados para coordinar los turnos y evitar que el aporte de agua a las fincas coincida con precipitaciones abundantes. La medida busca prevenir anegamientos, pudrición de los cultivos y dificultades para ingresar a las propiedades, especialmente durante períodos de lluvias intensas.

El impacto también podría trasladarse a la comercialización de frutas y verduras. El barro y las precipitaciones pueden retrasar la cosecha y dificultar el traslado de la producción desde las fincas del Valle de Uco hacia los mercados, provocando pérdidas de mercadería y una reducción de la oferta.
Frente a este escenario, la prevención adquiere un papel central en la región. El mantenimiento y la limpieza de los cauces serán claves para favorecer el escurrimiento del agua durante los temporales, mientras Irrigación refuerza sus mecanismos de alerta y coordinación con los municipios. A la preocupación por las lluvias se suma el riesgo de tormentas eléctricas y granizo, una amenaza especialmente relevante para los viñedos y frutales del Valle de Uco.
