El investigador del INTA San Juan, Raúl Tapia, advirtió que la calidad de los suelos en distintas zonas de San Juan y Mendoza está disminuyendo como consecuencia de prácticas agrícolas y ganaderas que no contemplan su conservación. El especialista explicó que los estudios realizados muestran una creciente compactación del terreno, lo que reduce su capacidad para almacenar agua, aire y materia orgánica, factores esenciales para el desarrollo de cultivos.
Según detalló, los análisis que realiza el organismo evalúan cambios en las propiedades físicas y químicas del suelo, como su densidad aparente y nivel de porosidad. Cuando la tierra pierde esos espacios internos, disminuye su fertilidad y, en consecuencia, baja el rendimiento de la producción agrícola. Entre las principales causas identificadas se encuentran el uso intensivo de maquinaria pesada y la escasa incorporación de materia orgánica, como rastrojos o guano, prácticas que históricamente contribuían a mantener la salud del suelo.

Tapia aclaró en diálogo con los Andes que el problema no radica en la tecnificación del sector, sino en la forma en que se aplica, ya que es posible incorporar nuevas tecnologías sin comprometer la conservación del terreno. Además, señaló que la degradación también alcanza a la producción ganadera, donde el tránsito constante de los animales sobre los campos provoca compactación y pérdida de porosidad si no se implementan medidas de manejo adecuadas.
El especialista recordó que San Juan y Mendoza poseen algunos de los suelos más jóvenes y frágiles del país, propios de regiones áridas, con baja materia orgánica y mayor contenido de sales por las escasas precipitaciones. En ese contexto, remarcó que preservar las características del terreno resulta clave para garantizar la productividad, la sostenibilidad de la actividad agropecuaria y el impacto económico que genera en la región.
